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La Coctelera

Síndrome de quemarse por el trabajo (burnout)

Bitácora dedicada al burnout y otros...

15 Febrero 2006

Un llamado a la unidad...

El lenguaje científico se relaciona sobre todo, y de manera especial, con la función representativa del lenguaje. Su fin más importante es transmitir conocimientos. Para alcanzar este fin la precisión constituye la cualidad más importante de lenguaje científico. En la medida en que un fenómeno es conceptualizado de manera unívoca la comunicación entre diferentes investigadores se hace fluida y su contribución en la investigación de ese fenómeno adopta patrones sinérgicos. Por el contrario, diferentes denominaciones para un mismo fenómeno, aunque se realice a través de sinónimos, puede llevar a la idea de que se trabaja sobre cosas diferentes y puede generar un debate de partida sobre cuál es la denominación más acertada. Este debate dificulta la investigación y la integración de conocimientos en un campo de estudio (Gil-Monte, 2003).
Entre los riesgos laborales de carácter psicosocial de especial relevancia en la actualidad se encuentra el síndrome de quemarse por el trabajo (burnout), una de las principales causas de accidentabilidad y absentismo entre los profesionales de servicios (Gil-Monte, 2003).
La revisión sobre los términos y denominaciones utilizadas para aludir al síndrome de quemarse por el trabajo nos lleva a la conclusión que nos encontramos en una situación en la que concurren muchos de los problemas que deben evitarse en el lenguaje científico, pues la expresión original anglosajona “burnout syndrome” ha sido traducida de diferentes formas al español, lo que ha originado que existan diferentes denominaciones para un mismo fenómeno (Gil-Monte, 2003).
La literatura nos ofrece al menos diecisiete denominaciones en español para el fenómeno, si bien algunas de ellas presentan una gran similitud. Considerando ese grado de similitud las denominaciones pueden ser clasificadas en tres grupos. Un primer grupo recogería las denominaciones que se toman como referencia para la denominación en español el término original anglosajón burnout. En este grupo de denominaciones se habla de: síndrome de quemarse por el trabajo, síndrome de estar quemado en el trabajo, síndrome de quemarse en el trabajo, síndrome de estar quemado, síndrome del quemado, estar quemado y quemazón profesional (Gil-Monte, 2003).
Un segundo grupo recoge aquellas denominaciones que optan por una vía alternativa a la traducción literal. Son denominaciones que se caracterizan por tomar como referencia el contenido de la patología, en lugar de una traducción más o menos literal del término anglosajona, de manera que junto al término original emplean la denominación: desgaste psicológico por el trabajo, desgaste profesional, agotamiento profesional, agotamiento laboral y síndrome de cansancio emocional (Gil-Monte, 2003).
Un tercer grupo recogería aquellos estudios en los que se considera que el síndrome de quemarse por el trabajo es sinónimo de estrés laboral, y por lo tanto es posible denominarlo como: estrés crónico laboral asistencial, estrés profesional o estrés laboral (Gil-Monte, 2003).
El autor recomienda la utilización de la denominación “síndrome de quemarse por el trabajo” por diversas razones. En primer lugar, es recomendable incluir en la denominación el término síndrome, pues este término ayuda a la comprensión del fenómeno, da información sobre su naturaleza al indicar que está integrado por un conjunto de síntomas y, de cara al diagnóstico, nos informa sobre la necesidad de identificar y evaluar los síntomas que componen la patología para poder diagnosticar adecuadamente si un trabajador sufre el síndrome de quemarse por el trabajo (Gil-Monte, 2003).
Por otra parte, al hablar del síndrome de quemarse por el trabajo se desvía el foco de atención hacia el trabajo y no hacia el trabajador. De esta manera se evita estigmatizar al trabajador, al tiempo que se previene el desarrollo de posibles sentimientos de culpa o de vergüenza que pueden agravarle el problema al individuo, al entender éste que él es el culpable de lo que le está ocurriendo (Gil-Monte, 2003).
Aunque en menor grado, algo similar puede ocurrir con denominaciones como síndrome de estar quemado en el trabajo y síndrome de quemarse en el trabajo. En estos casos, aunque el complemento circunstancial de lugar “en el trabajo” indica la vinculación de la patología al hecho de trabajar no termina de informar que es la actividad laboral la causante del síndrome y no el trabajador. La preposición “en” denota lugar pero no causa, no indica que el contexto es el origen del problema, sólo indica que el problema ocurre en ese contexto. Por el contrario, el empleo de la preposición “por” en su lugar denota causalidad, y de esta manera se establece que la causa del síndrome de quemarse es el trabajo, no el trabajador (Gil-Monte, 2003).
Una tercera ventaja que tiene utilizar la denominación síndrome de quemarse por el trabajo frente a denominaciones como estar quemado es que se desvincula la patología laboral de la denominación coloquial. Esto es, el síndrome de quemarse por el trabajo no es lo que coloquialmente se entiende por estar quemado, por el contrario va mucho más allá, es un proceso insidioso que tiene consecuencias severas para el individuo. Un gran número de trabajadores identifica estar quemado con sentirse agobiado, estar harto o a disgusto, o con tener un mal día en el trabajo, pero no contempla la verdadera sintomatología del síndrome, ni mucho menos su cronicidad o la intensidad de los síntomas en sus fases más avanzadas (Gil-Monte, 2003).
Una última reflexión en torno a la denominación del fenómeno nos lleva a plantearnos la posibilidad de mantener el anglicismo “burnout”. ¿Por qué no denominarlo simplemente “síndrome de burnout” y olvidar todas las denominaciones utilizadas en español para aludir al fenómeno? Lo que pasa es que con este término se produce discrepancias, pues junto a la denominación síndrome de burnout coexiste la denominación “síndrome del burnout”. Y a nivel fonético se habla de “burnout”, “burnaut”, “burnot”, “bernaut”, y un largo etcétera de pronunciaciones, lo que dificulta la comunicación y la comprensión. Ante el incremento del influjo distorsionado del inglés, no sólo se desde el punto de vista léxico sino también del sintáctico, es recomendable, como dice Segura (como citado en Gil-Monte, 2003), emular el método de “Alfonso el Sabio en la Escuela de Traductores de Toledo con respecto al hebreo y al árabe: buscar una palabra en español que recogiera la idea de la lengua extranjera, y si no inventar un término que pudiera entenderse fácilmente, y poner a continuación, entre paréntesis, el término foráneo, para que nadie se confundiese. Con el tiempo ese término sería aceptado o superado por otro más apropiado. Pero mientras tanto, servía para que se entendiera lo que decía el original” (Gil-Monte, 2003).
Es necesario internacionalizar todavía más el español evitando los anglicismos y utilizando términos consensuados que se usen en todos los países para la comunicación internacional, esto es, debemos disponer de términos universales para comunicarnos todos los hispanohablantes. En este sentido se hace un llamamiento a la unidad de la lengua y se propone utilizar el término “síndrome de quemarse por el trabajo” para aludir en español al “burnout syndrome” (Gil-Monte, 2003).

Referencia
Gil-Monte, P. R. (2003). Burnout syndrome: ¿síndrome de quemarse por el trabajo, desgaste profesional, estrés laboral o enfermedad de Tomás? Revista de psicología del trabajo y de las organizaciones, 19, 181-197. Recuperado el 4 de marzo de 2005 de la base de datos de EbscoHost.

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Profe

Profe dijo

Excelente artículo. Me pregunto si se habrá estudiando los conceptos nativos que la gente usa para referirse a esa experiencia. Por un lado tenemos los conceptos de los científicos y por otro lado los conceptos de la gente (emic concepts). Me parece que en un entendimiento de esta experiencia debería tratar como la gente la conceptualiza. Me parece que sería un estudio interesante para el futuro.

18 Febrero 2006 | 11:12 PM

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Soy Roberto Omar y actualmente soy estudiante de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras (y exalumno del Recinto Universitario de Mayaguez). Este blog fue un proyecto que realicé como parte del curso Aplicación de la Tecnología a la Investigación Social. A pesar de que actualmente no uso este blog, lo mantengo abierto pues hay información que puede ser pertinente a algunos/as de ustedes. Espero que así sea. Lámina tomada de www.universidad-dominicana.net

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