Categoría: Resumen Artículo
5 Mayo 2006
[Ver objetivo del estudio y revisión de literatura]
Resultados
Los resultados indican que, en general, el nivel de burnout en la muestra global es medio-bajo en sus tres dimensiones, aunque las mujeres presentan mayor agotamiento emocional que los hombres, en consistencia con la literatura revisada (Greenglass y Burke, 1988; Hakanen, 1999). Cuando se analiza el colectivo de mujeres estudiantes y trabajadoras, el nivel de burnout es también medio-bajo. Sin embargo, aparecen diferencias significativas entre ambos colectivos. Así, son las estudiantes quienes presentan mayor agotamiento emocional y menor competencia profesional. El que las mujeres estudiantes obtengan unos resultados que impliquen menor bienestar psicológico, puede explicarse por el hecho de que su periodo formativo genera mayor burnout que el trabajo remunerado desarrollado como profesional. En concreto, el que las estudiantes presenten menor competencia profesional puede indicar que el período formativo genera reducida competencia profesional, de acuerdo con los resultados obtenidos por Balogun, et al (1995).
Si tenemos en cuenta la orientación profesional de sus estudios, son las estudiantes de titulaciones de carácter técnico quienes presentan una menor competencia profesional. Este resultado puede explicarse por el hecho de que, en general, las titulaciones técnicas (Ingeniería Industrial, Química, Informática, etc.) son de mayor dificultad que las titulaciones de humanidades o jurídico-económicas, a juzgar por su mayor número de suspensos.
Además, si se considera el curso académico en el que se encuentran, encontramos que las estudiantes de primer curso presentan un mayor agotamiento emocional, y las de tercer curso, un mayor nivel de cinismo, en comparación con las estudiantes de los restantes cursos. Este primer hallazgo es consistente con la literatura (Tobin y Carson, 1994; Guthrie, et. al., 1997), y puede ser explicado por el choque con la realidad al enfrentarse por primera vez a un sistema educativo distinto y al elevado número de créditos académicos (horas lectivas) de los que los estudiantes deben matricularse durante su primer año en la universidad. Por otro lado, el hecho de que las estudiantes de tercer curso puntúen más alto en cinismo puede explicarse por la ansiedad ante la pronta transición al mercado laboral y, lo que se ha dado en llamar "presentimiento de paro", (García, 1993).
Si se combina el curso académico y la orientación profesional, aparece que dentro del colectivo de estudiantes de titulaciones de ciencias humanas (fundamentalmente Psicología), son las estudiantes de segundo curso quienes presentan mayor nivel de agotamiento emocional, mientras que las de cuarto, puntúan más alto en cinismo. Este primer resultado es comprensible si se tiene en cuenta que en la Licenciatura de Psicología de la Universitat Jaume I, el curso académico considerado más difícil por los estudiantes, es segundo; ya que en él se concretan materias de gran complejidad (p.e. Psicoestadística, Psicofisiología). Tampoco es extraño el hecho de que las estudiantes de cuarto curso de carreras de humanidades muestren mayor cinismo. Como se ha apuntado ya, este resultado podría estar relacionado con la ansiedad ante la pronta transición al mercado laboral y el "presentimiento de paro", (García, 1993). Además, este presentimiento de paro en las estudiantes de titulaciones de humanidades no sería extraño, si se tiene en cuenta que la tasa de desempleo de las profesionales de este ámbito, en general, es mayor que en las profesionales de carreras técnicas. Éstas, en muchas ocasiones, encuentran un empleo incluso antes de acabar sus estudios.
En definitiva, los resultados obtenidos ponen de manifiesto que el síndrome del burnout aparece en personas que tienen un empleo en el mercado de trabajo, y también en otros colectivos, como los estudiantes universitarios. Por tanto, la intervención debe ampliar su campo de acción a otros colectivos que no tienen un trabajo remunerado y que también sufren este síndrome.
Agut, S., Grau, R., & Beas, M. (s.f.) BURNOUT EN MUJERES: UN ESTUDIO COMPARATIVO ENTRE CONTEXTOS DE TRABAJO Y NO TRABAJO. Simposio "Aspectos psicosociales del estrés ocupacional". Recuperado el 5 de mayo de 2006 de enlace
servido por roberto-omar
5 comentarios
compártelo
5 Mayo 2006
Un estudio realizado por Agut, Grau, y Beas (s.f.) tenía como objetivo general estudiar el burnout (cansancio emocional, despersonalización y realización personal) en mujeres y cómo influye su ocupación (empleadas versus estudiantes) en el nivel de burnout que experimentan. La muestra se compuso de 296 mujeres (N= 214 estudiantes universitarias y N= 69 empleadas de distintas categorías profesionales y diferentes sectores económicos).
Según la literatura, por regla general, las mujeres puntúan ligeramente más alto en agotamiento emocional, mientras que los hombres lo hacen en despersonalización (Greenglass y Burke, 1988; Hakanen, 1999). Esto podría explicarse por el estereotipo asignado al sexo: los hombres sostienen actitudes instrumentales, mientras que las mujeres son más sensibles emocionalmente (Chatterjee y McCarrey, 1991; López, 1995). Incluso parece que ellas tienden a mostrar emociones y problemas de salud más fácilmente (Ogus, Greenglass, y Burke, 1990). También se explican estas diferencias en base a las responsabilidades adicionales de las mujeres que trabajan en casa, quienes experimentan una sobrecarga de trabajo mayor que los hombres (O'Driscoll, 1996). Esta sobrecarga se relaciona positivamente con el agotamiento emocional (Schaufeli y Enzmann, 1998).
Con respecto al colectivo específico de estudiantes, la investigación en burnout se encuentra en una situación inicial. No obstante, algunos estudios evidencian que el constructo de burnout y sus tres dimensiones es también aplicable a los estudiantes universitarios (Balogun, Helgemoe, Pellegrini, Hoeberlein, 1995; Cameron, 1997; Gold, Bachelor y Michael, 1989; Grau, Agut, Martínez y Salanova, 2000; Guthrie, Black, Powers y Gose, 1986; Schaufeli, Salanova, González-Romá y Bakker, en prensa).
En cuanto a la incidencia del burnout en función del sexo dentro en el colectivo de estudiantes, Grau, et. al. (2000) encuentran en una muestra de estudiantes universitarios, que sólo existen diferencias en base al sexo en la dimensión de competencia profesional. Son las mujeres quienes puntúan más alto en esta dimensión.
Otras investigaciones también han explorado la posible influencia del curso académico, pero los resultados son contradictorios. Algunos estudios obtienen un nivel de burnout alto en los estudiantes de primer curso (Tobin y Carson, 1994). Sin embargo, Balogun, et al. (1995) encuentran que los estudiantes que llevan más años estudiando informan de niveles más bajos de competencia profesional, que aquellos que llevan menos años estudiando.
[Ver resultados]
Agut, S., Grau, R., & Beas, M. (s.f.) BURNOUT EN MUJERES: UN ESTUDIO COMPARATIVO ENTRE CONTEXTOS DE TRABAJO Y NO TRABAJO. Simposio "Aspectos psicosociales del estrés ocupacional". Recuperado el 5 de mayo de 2006 de enlace
servido por roberto-omar
sin comentarios
compártelo
11 Abril 2006
En este estudio, realizado por Sánchez y Quiroga (1995), se expone que los sujetos consideran que la familia y el trabajo ocupan un lugar importante para explicar su satisfacción global. La investigación que realizaron se tomó en cuenta, especialmente, la relación entre satisfacción familiar y satisfacción laboral porque los autores creen que Kanter (como citado en Sánchez & Quiroga, 1995) estaba en lo cierto cuando denunciaba la falsedad del “mito de los mundos separados”. Trabajo y familia son las dos esferas fundamentales que sirven de “nicho ecológico” básico donde actúa el ser humano, y, como nos han seguido demostrando investigaciones posteriores (e.g. Goldsmith, como citado en Sánchez & Quiroga, 1995), ambos mundos son mutuamente interdependientes y no se pueden estudiar la influencia de cada uno de ellos aislados.
A un conjunto de 96 personas (48 hombres y 48 mujeres) que estaban emparejadas entre sí, edades entre 26 y 63 años se le administró una escala de satisfacción (familiar y laboral) junto con una encuesta sobre aspectos generales de su estilo de vida. Estas 96 personas fueron elegidas porque representaban a uno de los tres tipos de parejas consideradas en la investigación: Tradicionales, de Doble Carrera o Doble Ingreso. De las 21 preguntas de la encuesta sólo se analizaron 14 de ellas en esta investigación porque en las siete restantes los resultados obtenidos eran muy homogéneos. Se analizó la relación entre las dos variables de satisfacción y las variables de la encuesta. El objetivo era conocer qué variables permiten explicar la satisfacción (familiar y laboral). Se encontró que satisfacción familiar presentó una relación significativa sólo con las variables edad de los hijos y nivel de estudios. Sólo estudios básicos (t = 2.113, p = 0.0376), estudios primarios (t = 2.322, p = 0.0227) e hijos entre 6 y 14 años (t = -2.274, p = 0.0255) permiten explicar la variabilidad de la satisfacción familiar. La misma es mayor en los niveles más bajos de estudios y menor si los hijos que se poseen se hallan entre 6 y 14 años. En el caso de la satisfacción laboral, sólo la edad muestra relación significativa; explica un 5.5% (R2 = .05658) de la varianza en satisfacción laboral. La satisfacción laboral disminuye al aumentar la edad. Tras la comprobación de que la relación entre satisfacción familiar y satisfacción laboral es significativa, los investigadores se centraron en analizar qué variables pudieran modular dicha relación. Los resultados indican que las variables “tipo de pareja”, “sexo”, “edad” y “tener o no hijos” influyen sobre la relación que se establece entre ambos entornos (familiar y laboral). Los datos obtenidos reflejan tendencias diferenciales en esta relación, que se concretan de la forma siguiente: En las mujeres, predomina la congruencia entre ambos mundos (hay satisfacción o insatisfacción en ambos). Entre los hombres, sin embargo, es más frecuente la incongruencia (hay insatisfacción en un entorno y en otro no). En las parejas sin hijos ocurre lo mismo que en las mujeres, es decir, predomina la congruencia entre ambos mundos, mientras que en parejas con hijos es más frecuente la incongruencia. En las personas en menor edad (<37 años), también predomina la congruencia, mientras que entre los mayores de 38 años la relación existente es prácticamente nula. Esto puede ser explicado en el sentido de que a medida que se avanza en el ciclo vital y familiar se van progresivamente separando los dos mundos o, al menos, la satisfacción en cada uno de ellos se hace progresivamente más independiente.
Referencia
Sánchez, M.P. & Quiroga, M.A. (1995). Relaciones entre satisfacción familiar y laboral: Variables moduladoras. Anales de Psicología, 11 (1), 63-75. Recuperado el 31 de marzo de 2006, de enlace
servido por roberto-omar
sin comentarios
compártelo
7 Abril 2006
Un estudio realizado por Sos, Sobrequés, Segura, Manzano, Rodríguez, García y Cebrià (2002) tenía como objetivo principal estudiar el síndrome de quemarse por el trabajo en los médicos de Atención Primaria de Barcelona y la influencia de las variables sociodemográficas. La población de estudio fue formada por todos los profesionales que cumplieran los siguientes requisitos: ser médicos de Atención Primaria con más de tres años de antigüedad y estar activo en el momento del estudio. Se excluyeron odontólogos y pediatras. Además debían ser empleados de uno de los 93 centros de Atención Primaria de la ciudad de Barcelona y de las comarcas del norte de la provincia: Barcelona, Maresme y Vallès Oriental, Vallès Occidental, Osona, Bages y Bergueda. El total de médicos que cumplían esto criterios de los 93 centros participantes era de 737.
Para propósitos de medición se utilizó un cuestionario de datos generales que contenía preguntas sobre la situación personal y profesional de cada persona entrevistada y el MBI. En este estudio se utilizó el método de encuesta directa por entrevista personal o grupal. Para esto se entrenó a un equipo de psicólogos y estudiantes de último año de licenciatura de la facultad de Psicología Blanquera de la Universidad Ramón Llull de Barcelona. Se acordó una cita con los directores de cada centro y los investigadores aprovecharon esa reunión para explicar el motivo del estudio y las instrucciones para completar cada instrumento. Los investigadores habían unificado los mensajes que debían dar a los encuestados y tenían instrucciones de no mencionar ciertas palabras (quemado, burnout, personalidad) que pudieran producir sesgos en la respuesta. Se entregó un sobre en blanco con los dos cuestionarios. Todos lo sujetos de forma individual y personalizada respondieron durante unos 45 minutos.
Un 57.9 % de la población encuestada fueron hombres frente a un 41.8 % de mujeres. El 47.5 % de los/as médicos tiene entre 37-45 años, y el 24.4% se encuentra entre las edades comprendidas entre los 46-55 años. El 84.9 % viven con una pareja y un 54.5 % llevan conviviendo con la pareja más de 11 años, tienen hijos un 76% y la pareja trabaja en un 85% de los casos. Un 40% de los/as encuestados/as presentaron una puntuación alta en el MBI, siendo también entre un 40-45% los/as que presentan puntuaciones altas en las tres escalas. El análisis bivariado reflejó que existe una asociación estadística con el cansancio emocional y las edades comprendidas entre 37-45 años que muestran puntuaciones más elevadas. La despersonalización se asoció con el trabajo profesional superior a las 40 horas semanales, y la realización personal se asocio con tener más de dos hijos. En los resultados la edad también pareció desempeñar un papel moderador, de manera que a más edad, se evidenció un menor nivel del síndrome de quemarse por el trabajo, quizás porque el trabajador, según avanzan los años, adquiere una mayor seguridad en las tareas que desempeña y se hace menos vulnerable al estrés laboral.
Referencia
Sos, P., Sobrequés, J., Segura, J., Manzano, E., Rodríguez, C., García, M. & Cebria, J. (2002). Desgaste profesional en los médicos de atención primaria de Barcelona. [Versión electrónica], Medifam, 13,613-619.
servido por roberto-omar
sin comentarios
compártelo
15 Marzo 2006
Los investigadores realizaron un estudio para conocer la prevalencia del síndrome de quemarse por el trabajo entre los/as trabajadores del Hospital de Mataró, Barcelona, así como conocer las características laborales y personales que se asocian con dicho síndrome. Para realizar este estudio se diseño un estudio observacional transversal para conocer la prevalencia del síndrome en los trabajadores del Hospital de Mataró. Se seleccionó una muestra aleatoria, estratificada por estamento, de 300 trabajadores/as del hospital. El colectivo de médicos y enfermeras de urgencias fue sobre muestreado para disponer de más potencia estadística a fin de comparar este servicio con el resto. Para medir el grado del síndrome se utilizó la versión española del Maslach Burnout Inventory (MBI). Se escogió un grupo de referencia de 156 médicos españoles/as que las autoras del cuestionario citan como referencia. Como variables independientes se recogieron el sexo, la edad, el estado civil, si tenían hijos y el número de hijos que vivían en casa del/de la entrevistado/a, los años de convivencia con la pareja actual, el nivel de estudios máximos alcanzados, el tipo de contrato laboral, los años de profesión, la antigüedad en la empresa, el turno y horario de trabajo, y el estamento laboral al que pertenecen. Una entrevistadora ajena al hospital y previamente entrenada repartió los 300 cuestionarios a las personas seleccionadas. Estos eran auto cumplimentados anónimamente y recogidos de forma anónima por la entrevistadora de forma confidencial en un sobre cerrado. Si alguien no entendía alguna pregunta podía consultar a la entrevistadora, que intentó tener una actitud neutral y evitar en lo posible citar los términos burnout, quemado y estresado.
Se cumplimentaron un total de 291 cuestionarios (97%) ya que nueve personas se negaron a responder. Se encuestó a 209 mujeres (71.5%) y 83 varones (28.5%) con una edad media de 38.8 (DE=9.28) años. La mayoría vivía con su pareja desde hacia una media de 15.6 (DE=8.48) años. El 62.4% tenia hijos y de estos una media de 1.68 (DE=0.86) hijos vivían en casa. La antigüedad media en la empresa fue de 10.6 (DE=8.14) años y el tiempo en la profesión de 15 (DE=8,74) años.
Los resultados de este estudio muestran que el 13.9% de los/as entrevistados/as presentaron un grado alto del síndrome de quemarse por el trabajo para cansancio emocional, el 11.1% para despersonalización y el 6.6% para realización personal. Ninguno de los/as entrevistados/as obtuvo puntuaciones elevadas en las tres escalas a la vez y un 27% de los/as encuestados/as tuvo un alto grado del síndrome en al menos una de las tres escalas. El análisis bivariado muestra que el estamento, el sexo, el estado civil, el nivel de estudios y el tipo de contrato laboral son variables que se asocian de forma estadísticamente significativa con un alto grado del síndrome en alguna de las tres escalas del MBI. La edad se correlacionó débilmente con la escala de cansancio emocional (r = 0.17), aunque de forma estadísticamente significativa (p = 0.01), siendo los de mayor edad los que tuvieron índices superiores del síndrome. Los/las que tenían hijos presentaron puntuaciones medias más elevadas en la escala de cansancio emocional (19.6 puntos) respecto a los/as que no tenían (16.5 puntos) (p < 0.05), auque no incluyó el número de hijos residentes en la casa del/de la encuestado/a. El resto de las variables estudiadas no se relacionó con cambios en las escalas del MBI.
Referencia
Pera, G. & Serra-Prat, M. (2002). Prevalencia del síndrome del quemado y estudio de los factores asociados en los trabajadores de un hospital comarcal. Gaceta Sanitaria, 16, 480-486. Recuperado el 14 de marzo de 2006, de enlace
servido por roberto-omar
sin comentarios
compártelo
1 Marzo 2006
Gil-Monte (2002) realizó un estudio con el objetivo principal de identificar si en función del género existen diferencias significativas en las dimensiones del Maslach Burnout Inventory (MBI), y en sus antecedentes y consecuencias consideradas en este estudio. El segundo objetivo consiste en explorar si en base al género se establecen diferencias significativas en el patrón de desarrollo del síndrome de quemarse por el trabajo. La muestra utilizada para el estudio fue una no aleatoria, proveniente de dos hospitales integrados en el Servicio Canario de Salud, y ubicados en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, España. El número de la muestra fue de 330 sujetos. Setenta y dos sujetos se identificaron como hombres (21.8%) y 258 como mujeres (78.2%). La media de edad de la muestra fue 31.8 (DE = 7.27), 235 eran empleados/as fijos (71.2%) y 94 empleados/as evaluantes (28.5%).
Para medir sexo se utilizó un reactivo en el cual el sujeto debía redondear su sexo. La sobrecarga laboral percibida fue medida con siete reactivos del Organizacional Stress Questionnaire. La falta de reciprocidad fue evaluada mediante cinco reactivos. Los sujetos respondieron a eso reactivos con una escala de cinco grados que va de “totalmente de acuerdo” (1) a “totalmente en desacuerdo” (5) (alpha= .79). El síndrome de quemarse por el trabajo fue estimado mediante el MBI. La inclinación de absentismo se evaluó mediante 4 reactivos. Estos reactivos se evalúan con una escala Likert de cinco grados va de “Siempre” (1) a “Nunca” (5) (alpha=.71).
Los resultados reflejaron que los hombres de la muestra puntuaron significativamente más alto en falta de reciprocidad e inclinación al absentismo. El valor de prueba-T para la diferencia de medias en las dimensiones del MBI, solo resultó significativo para la dimensión de despersonalización, en el sentido de que la media de los hombres resultó significativamente superior a la de las mujeres.
Se realizó un análisis de medias en las variables que permitió afirmar que los profesionales de enfermería varones experimentaron significativamente mayores niveles de falta de reciprocidad que sus colegas femeninas, y mayor inclinación al absentismo. Asimismo sus niveles de despersonalización fueron significativamente mayores. Los resultados de este estudio sin embargo, pueden estar condicionados al tamaño de la muestra más que por los géneros. Dado a que el tamaño del parámetro de la muestra de hombres fue gamma -.21.
Referencia
Gil-Monte, P. R. (2002). Influencia del género sobre el proceso de desarrollo del syndrome de quemarse por el trabajo (Burnout) en profesionales de enfermería. Psicología em Estudo, 7, Recuperado el 28 de febrero de 2006, de enlace
servido por roberto-omar
sin comentarios
compártelo
20 Febrero 2006
En este estudio realizado por Aranda y Pando (2004) se pretendía determinar la prevalencia del síndrome, las manifestaciones clínicas, así como la posible relación entre ambas variables en los médicos familiares del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Guadalajara, México.
Para medir las variables del estudio se utilizó un cuestionario de datos sociodemográficos con variables como edad, sexo, estado civil, escolaridad, puesto actual, turno, antigüedad en el puesto y en la institución, incluyendo una última pregunta que contestaban de manera abierta referente a qué enfermedades y/o molestias de salud ha tenido en los últimos seis meses. Además se utilizó la escala de valoración de Maslach Burnout Inventory - Human Services (MBI-HS) para valorar y analizar el síndrome de quemarse por el trabajo.
Este estudio se basó en una muestra aleatoria simple estratificada, partiendo de una lista que incluía a todos los/as médicos y a la Unidad de Medicina Familiar en la cual laboran, dicha lista fue proporcionada por la misma institución. Los/as médicos en el estudio tenían que haber laborado al menos durante seis meses continuos de trabajo, su contrato de trabajo sería base, no debería estar de permiso al momento del levantamiento de la encuesta y participaría por su propio interés, firmando y autorizando mediante consentimiento informado su participación en el estudio.
El total de médicos familiares encuestados/as fue de 163 sujetos distribuidos en las 23 unidades de medicina familiar de la zona metropolitana de Guadalajara, Jalisco. El 84.7 % se encuentran ubicados en las áreas de consulta externa y el 63.8% son hombres. La edad promedio fue de 47 años. Ciento veinte seis están casados/as. El 91.5% tiene más de 10 años pero menos de 30 años trabajando para la institución, más del 50% labora durante el turno matutino y 49% han permanecido en su puesto laboral por más de 15 años.
En este estudio se encontró asociación entre el síndrome de quemarse por el trabajo y estar o no enfermo/a en los últimos seis meses. Solamente cuatro de los reactivos del MBI-HS pertenecientes a la dimensión agotamiento emocional se asociaron con estar enfermos/as y, solo uno por parte de la dimensión baja realización personal en el trabajo. En este estudio el 42.3% de los/as médicos familiares que laboran en el IMSS se encuentran quemado/as, agotados/as física y emocionalmente, lo que significa que el síndrome está presente en ellos.
Referencia
Aranda, C., Pando, M., Salazar J.G., Torres T.M., Aldrete G. & Pérez, B. (2004). Síndrome de Burnout en médicos familiares del Instituto Mexicano del Seguro Social, Guadalajara, México. Revista Cubana de Salud Pública, 31. Recuperado el 19 de febrero de 2006, de enlace
servido por roberto-omar
1 comentario
compártelo
15 Febrero 2006
El lenguaje científico se relaciona sobre todo, y de manera especial, con la función representativa del lenguaje. Su fin más importante es transmitir conocimientos. Para alcanzar este fin la precisión constituye la cualidad más importante de lenguaje científico. En la medida en que un fenómeno es conceptualizado de manera unívoca la comunicación entre diferentes investigadores se hace fluida y su contribución en la investigación de ese fenómeno adopta patrones sinérgicos. Por el contrario, diferentes denominaciones para un mismo fenómeno, aunque se realice a través de sinónimos, puede llevar a la idea de que se trabaja sobre cosas diferentes y puede generar un debate de partida sobre cuál es la denominación más acertada. Este debate dificulta la investigación y la integración de conocimientos en un campo de estudio (Gil-Monte, 2003).
Entre los riesgos laborales de carácter psicosocial de especial relevancia en la actualidad se encuentra el síndrome de quemarse por el trabajo (burnout), una de las principales causas de accidentabilidad y absentismo entre los profesionales de servicios (Gil-Monte, 2003).
La revisión sobre los términos y denominaciones utilizadas para aludir al síndrome de quemarse por el trabajo nos lleva a la conclusión que nos encontramos en una situación en la que concurren muchos de los problemas que deben evitarse en el lenguaje científico, pues la expresión original anglosajona “burnout syndrome” ha sido traducida de diferentes formas al español, lo que ha originado que existan diferentes denominaciones para un mismo fenómeno (Gil-Monte, 2003).
La literatura nos ofrece al menos diecisiete denominaciones en español para el fenómeno, si bien algunas de ellas presentan una gran similitud. Considerando ese grado de similitud las denominaciones pueden ser clasificadas en tres grupos. Un primer grupo recogería las denominaciones que se toman como referencia para la denominación en español el término original anglosajón burnout. En este grupo de denominaciones se habla de: síndrome de quemarse por el trabajo, síndrome de estar quemado en el trabajo, síndrome de quemarse en el trabajo, síndrome de estar quemado, síndrome del quemado, estar quemado y quemazón profesional (Gil-Monte, 2003).
Un segundo grupo recoge aquellas denominaciones que optan por una vía alternativa a la traducción literal. Son denominaciones que se caracterizan por tomar como referencia el contenido de la patología, en lugar de una traducción más o menos literal del término anglosajona, de manera que junto al término original emplean la denominación: desgaste psicológico por el trabajo, desgaste profesional, agotamiento profesional, agotamiento laboral y síndrome de cansancio emocional (Gil-Monte, 2003).
Un tercer grupo recogería aquellos estudios en los que se considera que el síndrome de quemarse por el trabajo es sinónimo de estrés laboral, y por lo tanto es posible denominarlo como: estrés crónico laboral asistencial, estrés profesional o estrés laboral (Gil-Monte, 2003).
El autor recomienda la utilización de la denominación “síndrome de quemarse por el trabajo” por diversas razones. En primer lugar, es recomendable incluir en la denominación el término síndrome, pues este término ayuda a la comprensión del fenómeno, da información sobre su naturaleza al indicar que está integrado por un conjunto de síntomas y, de cara al diagnóstico, nos informa sobre la necesidad de identificar y evaluar los síntomas que componen la patología para poder diagnosticar adecuadamente si un trabajador sufre el síndrome de quemarse por el trabajo (Gil-Monte, 2003).
Por otra parte, al hablar del síndrome de quemarse por el trabajo se desvía el foco de atención hacia el trabajo y no hacia el trabajador. De esta manera se evita estigmatizar al trabajador, al tiempo que se previene el desarrollo de posibles sentimientos de culpa o de vergüenza que pueden agravarle el problema al individuo, al entender éste que él es el culpable de lo que le está ocurriendo (Gil-Monte, 2003).
Aunque en menor grado, algo similar puede ocurrir con denominaciones como síndrome de estar quemado en el trabajo y síndrome de quemarse en el trabajo. En estos casos, aunque el complemento circunstancial de lugar “en el trabajo” indica la vinculación de la patología al hecho de trabajar no termina de informar que es la actividad laboral la causante del síndrome y no el trabajador. La preposición “en” denota lugar pero no causa, no indica que el contexto es el origen del problema, sólo indica que el problema ocurre en ese contexto. Por el contrario, el empleo de la preposición “por” en su lugar denota causalidad, y de esta manera se establece que la causa del síndrome de quemarse es el trabajo, no el trabajador (Gil-Monte, 2003).
Una tercera ventaja que tiene utilizar la denominación síndrome de quemarse por el trabajo frente a denominaciones como estar quemado es que se desvincula la patología laboral de la denominación coloquial. Esto es, el síndrome de quemarse por el trabajo no es lo que coloquialmente se entiende por estar quemado, por el contrario va mucho más allá, es un proceso insidioso que tiene consecuencias severas para el individuo. Un gran número de trabajadores identifica estar quemado con sentirse agobiado, estar harto o a disgusto, o con tener un mal día en el trabajo, pero no contempla la verdadera sintomatología del síndrome, ni mucho menos su cronicidad o la intensidad de los síntomas en sus fases más avanzadas (Gil-Monte, 2003).
Una última reflexión en torno a la denominación del fenómeno nos lleva a plantearnos la posibilidad de mantener el anglicismo “burnout”. ¿Por qué no denominarlo simplemente “síndrome de burnout” y olvidar todas las denominaciones utilizadas en español para aludir al fenómeno? Lo que pasa es que con este término se produce discrepancias, pues junto a la denominación síndrome de burnout coexiste la denominación “síndrome del burnout”. Y a nivel fonético se habla de “burnout”, “burnaut”, “burnot”, “bernaut”, y un largo etcétera de pronunciaciones, lo que dificulta la comunicación y la comprensión. Ante el incremento del influjo distorsionado del inglés, no sólo se desde el punto de vista léxico sino también del sintáctico, es recomendable, como dice Segura (como citado en Gil-Monte, 2003), emular el método de “Alfonso el Sabio en la Escuela de Traductores de Toledo con respecto al hebreo y al árabe: buscar una palabra en español que recogiera la idea de la lengua extranjera, y si no inventar un término que pudiera entenderse fácilmente, y poner a continuación, entre paréntesis, el término foráneo, para que nadie se confundiese. Con el tiempo ese término sería aceptado o superado por otro más apropiado. Pero mientras tanto, servía para que se entendiera lo que decía el original” (Gil-Monte, 2003).
Es necesario internacionalizar todavía más el español evitando los anglicismos y utilizando términos consensuados que se usen en todos los países para la comunicación internacional, esto es, debemos disponer de términos universales para comunicarnos todos los hispanohablantes. En este sentido se hace un llamamiento a la unidad de la lengua y se propone utilizar el término “síndrome de quemarse por el trabajo” para aludir en español al “burnout syndrome” (Gil-Monte, 2003).
Referencia
Gil-Monte, P. R. (2003). Burnout syndrome: ¿síndrome de quemarse por el trabajo, desgaste profesional, estrés laboral o enfermedad de Tomás? Revista de psicología del trabajo y de las organizaciones, 19, 181-197. Recuperado el 4 de marzo de 2005 de la base de datos de EbscoHost.
servido por roberto-omar
1 comentario
compártelo